Stencil art designs on paper with paint, brushes, and sponges on a wooden table

Cómo las plantillas, estencils o patrones pueden hacerte la vida más liviana

Un adulto promedio toma fácilmente más de 30.000 decisiones al día. Treinta mil. Y con el ritmo que tiene el mundo hoy, eso no va a bajar solo. Pero sí se puede hacer algo al respecto — no solventarlo, pero sí aliviarlo. Y ahí es donde entran las plantillas, los estencils y los patrones.

¿Qué es una plantilla exactamente?

Una plantilla es un modelo reutilizable. Una base fija desde la que puedes operar sin tener que empezar de cero cada vez. Puede ser un estencil físico que usas para pintar, una lista de compras que repites cada semana, o una decisión que tomaste de antemano y simplemente ejecutas.

Una lista de compras es una plantilla. Una minuta de comida semanal es una plantilla. Elegir con anticipación lo que vas a usar cada día de la semana también es una plantilla. Yo, por ejemplo, decidí hace tiempo que siempre uso camisas. Es una predecisión: no tengo que pensar en eso cada mañana. El día que aparezco con polera es porque me quedé sin camisas — no porque lo decidí ese día.

El problema no es crearla. Es mantenerse fiel a ella.

Twyla Tharp, en El hábito creativo, plantea que la creatividad — y en este sentido la energía — no se cuida con inspiración espontánea, sino con rituales repetidos. Por eso muchos artistas, escritores y pintores tenían rituales fijos para comenzar su trabajo. No esperaban las ganas. Tenían un sistema.

Rick Rubin dice algo parecido en El acto de crear: la creación necesita contención. Si todo es posible, nada es concreto. La estructura no mata la creatividad — la libera.

Pero el desafío real no es diseñar la plantilla. Es cumplirla cuando no tienes ganas, cuando estás cansado, cuando el martes saliste a tomar unas cervezas y el miércoles amaneciste con caña. Ahí está la prueba.

La incomodidad no es un error

Cuando empezamos a seguir una plantilla nueva, la incomodidad que sentimos la interpretamos como señal de que algo está fallando. Y eso nos hace abandonarla justo antes de que empiece a funcionar.

Fallaste un día en el gimnasio. Bien. Descansas ese día y retomas al día siguiente. Eso no arruina la plantilla — es parte del proceso. El problema es cuando ese fallo se convierte en excusa permanente: “bueno, ya que lo rompí, para qué seguir.”

Los resultados de una plantilla no son instantáneos. Son acumulativos. Y abandonar por incomodidad es exactamente perder la oportunidad de recibir la ganancia.

Un ejemplo concreto: la plantilla del intro del vlog

Durante un tiempo publiqué vlogs diariamente. Cada uno tenía un intro con una canción de fondo: había que escuchar la canción, identificar los beats, ubicar el contenido en cada uno, agregar el título. Repetir eso para cada vlog tomaba tiempo y decisiones que se acumulaban.

La solución fue simple: crear una plantilla del intro. Un contenedor con los slots ya definidos — este contenido acá, este contenido acá, este acá. Una vez construido, solo tenía que llenarlo. El trabajo creativo ya estaba resuelto. Solo quedaba el contenido.

Las plantillas no te hacen la vida más rígida — te la hacen más liviana

Un estencil es una estructura fija. Pero puedes pintarlo blanco o rojo, sobre una muralla o sobre una polera. La estructura no te quita libertad — te ahorra el trabajo de empezar desde cero cada vez.

En el fondo, una plantilla bien construida es un hábito. Y los hábitos no existen para rigidizar tu vida, sino para liberar energía mental hacia lo que realmente importa. Menos decisiones cotidianas = menos desgaste = más capacidad para lo que más te exige.

Esa es la idea. Simple, pero poderosa cuando se sostiene en el tiempo.


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